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Cotidianidades... 121

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Cotidianidades... Los sueños, cuando son intensos, suelen generarnos angustias, miedos u otras emociones placenteras, aunque al mismo tiempo son capaces de provocarnos tales sobresaltos, que no somos pocos los que hemos despertado golpeando el colchón porque, mientras dormíamos, soñamos que íbamos cayendo. Hay algunos sueños traviesos   —o quizá angustiantes— en los que, por ejemplo, sueñas que buscan un baño porque el cuerpo así lo exige. De pronto ya no aguantas más y sientes un huracán Patricia en la vejiga, hasta que por fin encuentras dónde desahogar tus penas. ¡Pero es pura fantasía!, y justo cuando estás a punto de entrar al placer sublime de comenzar a vaciarte, notas que todo es falso, así que despiertas como puedes, te levantas atolondrado y ansioso por encontrar un baño de verdad, donde —con el alma en su lugar y sintiendo cómo se relaja el cuerpo— agradeces la suerte bendita de no haber mojado la cama. De acuerdo a la tradición tsotsil, un sueño no es sino la conti...

Cotidianidades... 120

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Cotidianidades… Mientras revisábamos unos textos un amigo y yo, escuchamos los gritos (qué digo gritos, alaridos) de una de sus vecinas. La situación parecía tan desesperada, que no tuvimos tiempo de ponernos nuestros trajes de súper héroes ni de quitarnos la falsa panza con que pretendemos pasar por personas comunes y corrientes, y así, disfrazados de seres anodinos, fuimos en ayuda de la desesperada mujer. —¡La violinista! ¡La violinista! —nos gritaba mientras daba saltitos y movía las manos como si se las hubieran quemado— ¡Ahí estaba la violinista! —dijo ahora con voz quebrada y como si se le estuviera desgajando la garganta. La verdad es que pensé que se trataba de alguna asesina serial, parecida a la mata viejitas. Fue por eso que le pregunté a la señora las señas de la delincuente musical. —Tenía ocho patas y era de color marrón —dijo ahora con las manos entrelazadas, casi a punto de ponerse a rezar. —¿Se droga? —le murmuré la pregunta a mi amigo. —No —respondió ...

Cotidianidades... 119

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Cotidianidades… Cuando era niño, durante una temporada viví en una colonia donde todavía se podía salir a correr por las calles, jugar futbol o pretendernos exploradores en los terrenos baldíos. Sabíamos nuestros nombres, pero en no pocos casos algunos contaban con apodos heredados de sus padres y así los llamábamos sin que por ello se sintieran ofendidos. De entre todos los vecinos recuerdo a Manuelito, que vivía frente a la casa de mi abuela y además de ser amable con los adultos, tenía la cualidad de preocuparse por los más pequeños y el defecto de aparecer donde no era requerido, lo que no pocas veces le significó la amenaza de ser agarrado a golpes por otros niños con menos paciencia o más acostumbrados a modos violentos de resolver los asuntos. Manuelito, echando mano de la diplomacia y para no quedar mal parado, se retiraba diciendo algo así como: “sólo porque soy buena onda, no te meto tu buena madriza”. Tantas veces lo dijo, que terminó siendo una frase con la cual...

Cotidianidades... 118

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Cotidianidades… No sé qué ideas pasaron por su mente cuando mi querubín, a sus tres años y medio, tomó una de las decisiones más importantes de su vida, pero sí puedo decir que actuó con decisión y sin que le temblara el ánimo. Caminó sonriente hacia nosotros y con una trampa ingenua pero efectiva, se llevó a su mamá al baño. Sólo quería —nos dijo— lavarse las manos para no ensuciar sus juguetes, y por su estatura requiere apoyo para alcanzar el lavabo. A pesar de que le hice caso y no me acerqué a ellos, las cortas distancias de estas casas modernas permitieron que yo escuchar su petición: —Mamá, ¿te quieres casar conmigo? “¡Traición!”, gritó mi alma, y con una sonrisa maléfica me apresté a escuchar la respuesta pérfida que, ¡desgracia de todas las desgracias!, no se hizo esperar: —Me parece bien —dijo ella, emocionada—, pero, ¿qué hacemos con papá? —Se puede ir a dormir a casa de abuelos —contestó el niño, cruel en su inocencia, que luego salió corriendo del baño porque ...

Cotidianidades... 117

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Cotidianidades... Una de las actividades que más disfruto en la vida es leer. Para mí pocos placeres son tan disfrutables como el acostarte en una hamaca acompañado por una lectura capaz de hipnotizarte, de atraerte a esa realidad que te están contando y que uno, como lector, recrea y hasta confirma que existe porque la estamos viendo en nuestra mente. Claro que, al igual que a muchos de ustedes, apenas abro un libro parece que se prendiera un letrero con luces fosforescentes que dice “persona sin oficio”, porque de inmediato se presentan urgencias impostergables, llamadas telefónicas de personas equivocadas y alguna ocurrencia de los niños que, aprovechando nuestro alejamiento mental, comenten sus más perfeccionadas diabluras. En esos casos y por su bien emocional, le recomiendo que postergue la urgencia, apague el teléfono, amarre a los niños, y siga leyendo hasta sentirse feliz. Siendo sincero, a veces mi capacidad de comprensión no me da para entender a algunos autores y mu...

Cotidianidades... 116

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Cotidianidades... No sé si estaba enamorada cuando se casó a los catorce años, pero un año después tuvo a su primer hijo con ese hombre que en edad le llevaba más de un lustro. Muchos de mis contemporáneos con toda seguridad habrían augurado un naufragio amoroso a esa relación, sin embargo, cuando ella   cumplió los veintitrés ya tenían cuatro querubines y quizá todo habría seguido por un curso más o menos sereno, sino es porque enviudó. En un principio, afligida por la muerte y por las necesidades económicas, se refugió bajo la sombra del suegro. Sólo que entonces ocurrió lo inevitable. El anciano también falleció, y esta joven debió repartir las horas del día en múltiples actividades que le permitieran darle de comer a su prole, vestirlos decentemente y mandarlos a la escuela. Ante ese escenario que a varios nos resultaría avasallante, ella no pudo evitar caer en la tentación de entregar su corazón a otros dos niños, hijos de una comadre, y que quedaron huérfanos justo cuand...

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17/09/2015 Cotidianidades... Un par de años atrás recibí una llamada del CONECULTA Chiapas, en la que se me invitaba a formar parte de la Comisión de Planeación del Programa para el Estímulo y Desarrollo Artístico (PECDA) en el estado. Se trataba de un cargo honorífico —como quien dice, sin paga a cambio— en una comisión conformada por artistas de distintas disciplinas, quienes a nombre de la sociedad, daríamos seguimiento y evaluaríamos dicho programa. La propuesta me resultó interesante, pues era un modo de participar de manera activa en un proyecto destinado a impulsar el trabajo —sobre todo— de jóvenes artistas. Así que acepté y le entramos con todas las ganas y la poca experiencia que pudiera tener. Desafortunadamente hubo un cambio de Dirección, y el timón de ese barco cultural comenzó a dirigirse a quién sabe dónde. En el caso del PECDA, al parecer este año naufragó, y digo al parecer, porque ninguna autoridad del CONECULTA le ha informado a esa Comisión si va a echarse ...